Creer en nosotras también es revolución

Autora: Galia Cotrina, activista juvenil de Ucayali

Soy mujer, tengo 18, estudio Economía, una carrera predominantemente masculina y participo activamente en organizaciones estudiantiles. He vivido en carne propia cómo los estereotipos de género siguen moldeando, limitando y condicionando la presencia de mujeres jóvenes en espacios educativos. Estar en entornos donde la mayoría son hombres ha significado, varias veces, sentir que mi esfuerzo no es valorado del mismo modo, como si tuviera que demostrar el doble para ser tomada en serio. Mejor dicho, mientras que a ellos les basta con cumplir, a nosotras se nos exige sobresalir. Esto no se dice abiertamente, pero se nota por cómo nos miran e interrumpen y en cómo somos hechas a un lado cuando surge la oportunidad de asumir liderazgo.

A esto se suma una constante que me resulta inaceptable, como a muchos otros estudiantes, pero que pocos se atreven a cuestionar por miedo a represalias. Profesores que, lejos de ser pilares de nuestra educación, hacen comentarios “en broma” hacia compañeras, minimizándolas, sexualizándolas o ridiculizándolas, afectando su confianza y su derecho a estudiar en un espacio seguro y a aprender con dignidad. Como si esto no fuera suficiente, el sistema universitario, en lugar de proteger a las estudiantes, protege a los agresores, haciendo que expresar incomodidad no sea una solución, sino un perjuicio aún mayor que las palabras que nos dirigen. 

Pero no solo nos enfrentamos a esto. Otro desafío diario es ver la escasa presencia de mujeres liderando, enseñando o siendo reconocidas como referentes, especialmente en áreas donde históricamente se nos ha invisibilizado como las matemáticas, ciencias, etc. La escasa presencia femenina en carreras como las ingenierías o ciencias exactas no es casual.

No es que no seamos capaces o haya algún factor biológico determinante como algunos alegan, es que desde niñas se nos repite que “eso no es para nosotras”. A muchas mujeres desde niñas se les alienta a ejercer oficios vinculados a lo “femenino”, ignorando el deseo o la habilidad que puedan tener para destacar en otros campos.

Mi compromiso:

Como mencioné al inicio, estudio Economía, una ciencia que requiere razonamiento matemático, análisis riguroso y pensamiento crítico, y más de una vez me han dado a entender que se asume que estoy ahí porque es “menos difícil que una ingeniería”. Esto es violencia simbólica, y también duele.

Sin embargo, lejos de desanimarme, estas realidades me motivan. Me emociona ver a otras chicas rompiendo barreras, brillando en espacios históricamente masculinizados. Me mueve apoyarlas, celebrarlas, hacer red. Porque cada paso que damos, lo damos juntas.

El primer acto de revolución es creer en nosotras mismas cuando nadie más quiere que lo hagamos.

En este Día de la Educación No Sexista, sueño con una educación que no limite, que no etiquete y que no juzgue. Una educación donde las mujeres y diversidades no solo puedan acceder, sino permanecer, crecer y liderar. Mi deseo es que ninguna niña, adolescente o joven vuelva a pensar que hay cosas que “no puede hacer” solo por ser quien es.

Porque sí, levantar la voz incomoda pero más incómodo es quedarse callada en un mundo que siempre nos ha dicho que hablemos bajito.

  • Angel junio 18, 2025 at 10:29 pm

    👏👏👏👏👏👏